jueves, 16 de octubre de 2014

¡QUIÉN TE HA VISTO Y QUIÉN TE VE!


Dicen que cuando somos niños queremos hacernos pronto mayores. Pero, también dicen que cuando somos mayores queremos volver a ser niños. Aunque esto último todavía no lo sé.

Queremos hacernos mayores y lo intentamos forzar demasiado rápido. Deseamos “volar del nido”, irnos a estudiar fuera para tener esa libertad que se nos niega en casa. Se nos niega porque no la merecemos, porque nuestra madurez no ha llegado sino a la edad suficiente como para poder votar, nada más.

Contamos los meses, las semanas y, finalmente, los días para irnos a una ciudad desconocida en mayor o menor medida a vivir a nuestras anchas. A no dar explicaciones a nadie, a salir un día sí y otro también. A ir de cañas porque ya eres universitario y eso es lo que has oído que hay que hacer. Ir de botellón a casa de un compañero o, mejor todavía, a tu piso. Eso sí que es una idea fabulosa. ¡¿Cómo no se te había ocurrido antes?! Meter en tu piso a cerca de 20 personas como si estuvieras en un chalet a las afueras, sin molestar a nadie. Porque si tú estás de fiesta y tu vecino no lo está es porque “es un muermo”. Sin importar que llegue la policía. No te importa, para nada. Tu único lema es: “aquí nadie me conoce”. Y eso te da la libertad absoluta para hacer lo que se te pase por la cabeza. No hay un mañana. Solamente se vive el día.

Tus relaciones sociales. Eso es fundamental. Hay que hacerse popular, conocer a mucha gente, cuanta más mejor. Tienes que darte prisa en conocer a gente. Tienes que tener un grupo y hacerte el mejor amigo de todos. Porque sabes (bueno, crees) que van a ser para siempre. Que serán amigos inolvidables. Sí, algunos con el tiempo lo son pero, la mayoría, siento decepcionarte: no pasarán de los años de carrera.  

 Quieres irte de tu pueblo o ciudad a otra (y cuanto más lejos mejor) a gastar “tu dinero,” sin pensar que ese dinero que consideras tuyo es el dinero de tus padres, que se ocupan semana tras semana de llenar tu pobre cartera. Ese dinero que crees que cae por la chimenea y que es casi su obligación darte para que el niño pueda gastar en sus caprichos. Porque sí. ERES UN NIÑO.  Ese dinero que has pedido, en más de una ocasión, para fotocopias. Claro, tus padres se acaban de caer de un árbol y son gilipollas. Pues ellos te lo dan aun sabiendo que  las únicas fotocopias que vas a hacer son las de los carteles de tu fiesta.

¿Y qué me decís de la libertad de comer lo que te salga de las mismísimas narices? Pero vaya, llegas de la universidad y ESTÁ LA MESA SIN PONER Y LA COMIDA SIN HACER. Como decía Macauly Culkin en “Solo en Casa”: “Mamá, ¿dónde estás?”. Y tú que pensabas que la comida aparecía en la mesa en el momento oportuno, de la nada. Pero, por suerte, la independencia temprana ha dado grandísimos chefs. Así que, ahí estás tú: preparado para hacer la mayor exquisitez que jamás habrías imaginado que serías capaz: lentejas al microondas. ¿De quién? De MAMÁ. Porque no solamente se encargan de llenarte los bolsillos, también te llenan la nevera. Aún así, tú sigues pensando que eres independiente y te vales por ti mismo. ¡OH, BENDITO MICROONDAS!

Transcurre un día, otro y otro. E irremediablemente llega el viernes, día de volver a “tu cruda realidad”. Hay que volver a casa a pasar el fin de semana. “Joder, con lo bien que estoy aquí”. Pero te dices: “recuerda, la nevera. Hay que llenar la nevera”. Entonces “tu cruda realidad” se hace más llevadera.

Pero tú no puedes volver a casa así, sin más. ¿Qué le vas a contar a tus amigos?  ¿Ni un teléfono de una chica? Por ahí sí que no. ¿Relaciones serias? De eso nada. Hemos venido aquí a jugar. Tú quieres una semana con una y otra semana con otra. Ya habrá tiempo de sentar la cabeza. Así que, el jueves te pones tus mejores galas (según el punto de la geografía española de cada universitario las mejores galas varían bastante), te engominas bien, te pones tu mejor perfume (en realidad es colonia que has comprado con lo que te sobraba del botellón) y allá vas. ÁNIMO Y AL TORO. La noche se divide en dos tramos: el rato que vas sereno y no le entras a ninguna porque te da vergüenza, y el rato que vas tan sumamente bebido que en lugar de hablar sueltas perdigones a discreción y espantas al personal. Y, como no te has comido un colín al final de la noche, el viernes te toca tirar de imaginación, si es que el garrafón permite a las ideas pasar por tu cabeza, e inventar una historia lo suficientemente creíble como para dejar a tus amigos con la boca abierta. Un corro, tus amigos escuchando, tú eres el centro de la conversación, tus mentiras tus aliadas y tus amigos que te dicen que sí pero por dentro no se están creyendo ni una palabra.

Así pasas 3,4, 5 o, en el mejor de los casos para ti (en el peor de los casos para el prestamista, o sea tus padres), incluso más años.
 

Cuando todo eso ha pasado, echas la vista atrás y sabes que no fuiste sino un completo pardillo con el que se podría haber hecho de todo. Tú no te comiste el Mundo porque no sabías cocinar. Y el Mundo no se te comió a ti porque le dabas lástima.

Sin embargo, paradojas de la vida, ahora que te ha tocado irte lejos de casa, un poco más maduro (lo justo, tampoco vayamos a flipar) y con algún año más te das cuenta de que el dinero no cae por la chimenea. El dinero se consigue con sacrificio y constancia. Ya no derrochas como antes y la noche que lo haces pesa sobre ti durante varios días. Hay que ahorrar para volver a casa, para hacer ese viaje que llevas tiempo esperando o para, simplemente, tenerlo. ¡Qué cosas!

Echas de menos los tupper. ¡Quién te lo iba a decir a ti! Ha llegado el momento de desenvolverte de verdad en la cocina. Un cocido son palabras mayores pero algo de caliente hay que comer de vez en cuando. El espíritu de Macauly vuelve a ti como hiciera años atrás, con la diferencia de que ahora sí que valoras ese plato calentito. Porque sabes que no te vas a comer el Mundo, lo que realmente quieres es comer un plato en condiciones sin tener que salir a un restaurante. Al final, “te las apañas”, pero no es lo mismo.

Lo de ser el Rey del Mambo y conocer a toda la gente que se cruza por tu camino se lo dejas a las nuevas generaciones. Quieres conocer gente, sí. Hacer amigos, tener con quien salir en una ciudad lejana a la tuya, sin embargo, eres realista y sabes que el mejor amigo de todos no puedes ser. Por lo que valoras mucho más volver a casa y estar con los amigos de siempre, los de verdad. Esos que aunque llevéis tiempo sin veros siempre tenéis tema de conversación. Y con el tiempo no tratas de mentirles. Si “no te comes una rosca” lo cuentas con total confianza. Porque da mucha pereza inventar historias y tener que creértelas tú mismo.

¿Salir todos los jueves? De eso nada. Las resacas pueden durar mucho. Mucho más de lo que pensabas que podrían durarle a ese chico que antes era capaz de salir 5 días seguidos de fiesta y el domingo comer como si viniera de hacer deporte. Además, tienes una verdadera obligación: el trabajo. No ir a clase suponía no firmar el parte de asistencia. Nada más. No ir a trabajar te puede suponer una firma, pero un poco más dura.

Y ese gigoló que creías estar hecho quedó atrás. Aunque alguna vez intente resurgir de sus cenizas, como el Ave Fénix, te puedes permitir el lujazo de no salir durante varios sábados seguidos, con lo que ahora llamas TU PLANAZO DE FIN DE SEMANA: sofá, manta y peli. Y, si debajo de esa manta extiendes tu mano y encuentras la de alguien más, mejor.

Eso sí, el sábado que sales que no te esperen despierto porque lo das todo. La cabra, aunque la lleves a la playa, siempre tirará al  monte.


Irremediablemente los años pasan. Cuando echas la vista atrás piensas: “¡QUIÉN TE HA VISTO Y QUIÉN TE VE!”.

viernes, 29 de agosto de 2014

¡OLOR A ESPLIEGO!

A pesar de quedar todavía una semana, a pesar de estar a cientos de kilómetros de Utiel ya lo puedo oler. No se trata de un olor real, se trata de un olor metafórico. Un olor en el ambiente, un olor en el ánimo de los utielanos, un olor especial. Ya huele a espliego.
El espliego. Ese olor característico de Utiel durante sus fiestas, las de su Patrona y la de todos los habitantes de nuestra localidad. Ese olor que nos embauca. Ese olor que, si lo sacamos de contexto, nos evoca a los maravillosos días de fiesta, tradición y costumbres. Ese olor que nos recuerda que nos quedan por delante diez días de disfrute tanto a nivel religioso como festivo.
Si bien es cierto, que muchos de nosotros durante el resto del año no somos practicantes, muchos ni siquiera creyentes. Pero, de los días 5 al 15 de septiembre, nuestros sentimientos son un poquito diferentes. Unos sentimientos que afloran desde el momento en que nuestra Patrona, la Virgen del Remedio, sale del Santuario y que se acentúan cuando atraviesa el puente de la Mesilla para posarse durante unos minutos en ella, con toda la localidad observando, escuchando, quedándonos con cada uno de los acontecimientos que allí se van desarrollando. Como si fuera la primera vez que lo vemos. Ahí es cuando el olor a espliego se hace real. Son unos minutos mágicos, nostálgicos, con el nudo en el estómago. Unos minutos que nos hacen recordar a nuestros seres queridos que tanto disfrutaban en esos momentos y que, lamentablemente, ya no pueden hacerlo.
Un olor que nos recuerda a calles engalanadas, a luces de colores iluminando nuestras calles. Visillos que se recorren para ver pasar a la Reina y su Corte de Honor, balcones repletos de vecinos esperando su momento. Porque ese es nuestro momento. El momento de disfrutar lo que tanto llevamos esperando. Cientos de cámaras intentando inmortalizarlo y, con el tiempo o con la lejanía, poder decir “yo soy de allí”.
Un olor que nos recuerda a la Alameda con sus puestos, sus tómbolas, sus atracciones, sus chocolate con churros que no pueden faltar en estos días. Un olor que, por supuesto, nos recuerda a las carpas. Esas carpas repletas de utielanos, de peñistas que tan solo pretenden disfrutar de lo que es suyo: las fiestas de su pueblo. Jóvenes y no tan jóvenes esperando el pistoletazo de salida del día 5 para sacarle todo el jugo a la Feria.
Unos días que, lamentándolo mucho y sin darnos cuenta, se acaban. Y qué mejor forma de poner punto y final a ese ambiente que con el desfile de carrozas. Y cuando eso ocurre, desearíamos que fuera ya 5 de septiembre del año siguiente.
Ahora que llevo más de un año viviendo fuera de mi casa, de Utiel, y al decir a la gente que soy de un pueblo de las afueras de la provincia de Valencia, me preguntan si realmente me siento valenciano. Pues bien, no lo tengo claro. Lo que sí que tengo claro es que me siento de los míos, me siento de mi familia, me siento de mis amigos, me siento de mis seres queridos. ME SIENTO DE UTIEL.
Y, muy probablemente, la gente de fuera no sabe lo que es ese sentimiento. Como nosotros tampoco sabemos los sentimientos de otras localidades. Pero lo que bien es cierto, es que esto solo plasma una milésima parte de dicho sentimiento.
                                                                             ¡VIVA UTIEL!
                                                                             ¡VIVA LA FERIA DE UTIEL!

domingo, 1 de junio de 2014

¡UN EJEMPLO A SEGUIR!


El sacrificio, la constancia, el amor y la pasión al deporte, la entrega. Eso y mucho más son algunos de los adjetivos con los que podría definir a un gran atleta. Más que atleta, triatleta.

Todo eso lo encarna una sola persona: Josemi Pérez.

¿Que quién es Josemi Pérez? Es un deportista que se ha labrado su vida gracias a él mismo, sin ayuda de nadie. Ha conseguido llegar donde ha llegado muy a pesar de quienes no le han dado su apoyo. Triatleta Olímpico en Londres 2012, con un más que meritorio vigesimocuarto puesto.

No pretendo que esto sea una entrevista porque, ni lo tengo al lado para preguntarle (lo he tenido suficientes veces como para saber cómo es), ni quiero que esto sea algo tan frío como eso.

Lo que quiero es hablar de él como amigo. Porque todo la gente que estamos implicadas en el mundo del deporte, ya sea de manera profesional o, como es mi caso, amateur, deberíamos conocerlo. No se apellida Ronaldo, Messi, Villa, Noya o Raña (al que desbancó en la clasificación para las olimpiadas); no es portada de periódicos día a día por su excentricidad o falta de humildad; no ha dejado su forma de vida a pesar de haber llegado donde ha llegado; no ha cambiado su forma de ser a pesar de ello. Y, todo eso, es porque debajo de la piel de ese gran deportista se encuentra una mejor persona. Amigo de sus amigos, sencillo, el sí es humilde, trabajador, sincero. Es la persona que te lo da todo a cambio de nada. Es de los que van de cara.

Hace algo menos de un año tuve la grandísima suerte de coincidir con él como compañero de trabajo. A partir de ahí hemos forjado una bonita amistad compartiendo muy buenos momentos. ¿Por qué no decirlo? Se ha convertido en mi confesor en una ciudad que tanto nos gusta a los 2: Cuenca.

Gracias a él volví a coger la bici de carretera que tenía aparcada y olvidada. Gracias a él me he iniciado en el mundillo de las carreras a pie. Por esto es por lo que he dicho que “te lo da todo a cambio de nada”. Se quiso convertir en mi “entrenador” pasándome entrenos a seguir durante las semanas con vistas a preparar alguna carrera y estar bien físicamente. Con él compartí la experiencia de mi primera marcha popular. Él, como era de esperar, ganó. Yo acabé.

Dice que se ha retirado del deporte profesional. Sinceramente, creo que eso no es verdad. Profesional no es aquel que compite a nivel nacional o internacional, con gente de renombre, que va a concentraciones con su equipo o selección y vive de ello.

Profesional es aquel que dedica su cuerpo y alma al deporte. Profesional es aquel que dedica su tiempo a entrenar. Profesional es aquel que se implica en cada carrera por corta o popular que sea. Profesional es aquel que cuida su alimentación y su cuerpo para hacer algo que ama.

Profesionalidad es Josemi.

Ahora ha vuelto a competir.  Y cómo lo ha hecho. En media distancia, sí. Pero a lo grande. Cogiendo la senda de la victoria. Senda que solamente un grande del deporte como él difícilmente suelta.
 
Como bien dice el refrán: " lo bueno abunda, !JOSEMI PÉREZ¡"

sábado, 3 de mayo de 2014

!FELIZ DÍA, MAMÁ!


A la mujer de mi vida:

Sí, a ti. Que has hecho tanto por nosotros.

A ti, que nos has dado todo lo que tenemos.

A ti, que has hecho todo lo posible para que hoy seamos lo que somos.

A ti, que has luchado para que seamos felices.

A ti, que has dado tiempo de tu vida para dedicárnoslo a las nuestras. Y sé que, si hiciera falta, darías tu propia vida.

A ti, que llegas tarde de trabajar y, todavía, te quedan fuerzas para tenerlo todo a punto y a nuestra disposición.

A ti, que, aunque tu día haya sido duro, puedes mostrar una sonrisa en cualquier momento.

A ti, que de cuatro paredes no haces una casa. No. Tú de cuatro paredes haces un hogar.

A ti, que me has apoyado en todas las decisiones de mi vida: personales, laborales y académicas. Que, aunque al principio te haya costado asumirlas, las has aceptado (Y últimamente las ha habido).

A ti, que te has alegrado de todas las cosas buenas como si fueran tuyas. Porque lo son. Sin ti nada de eso habría sido posible.

A ti, que, en lo negativo, también has estado ahí. Siendo un pilar fundamental para superar los peores momentos.

A ti, que, al leer esto, sé que te estarás emocionando. Tú dices que me conoces, pero yo a ti también te conozco un “poquete”. Son 25 años juntos.

A ti, que he llorado contigo. Por alegría y por tristeza.

A ti, que me has enseñado que siempre hay que sacar lo que uno lleva dentro: sentimientos, risas o lágrimas. Y tú me has enseñado que llorar también es de hombres.

A ti, que, cuando no se ha hecho suficiente comida, pierdes el hambre de repente para que nosotros podamos comer más.

A ti, que, aunque dices que te vas a dormir cuando estamos de fiesta, sé que no descansas.

A ti, por todas esas veces que nos hemos puesto malas caras, que nos hemos hablado en un tono que no es el adecuado o que nos hemos dicho cosas fuera de lugar. Porque sabes perdonar, porque a pesar de eso sigues estando a mi lado. Porque, en realidad, nos queremos. Y cómo me decías de pequeño: “nos queremos mucho, como la trucha al trucho”.

A ti, que me has enseñado todo lo que sé (bueno, y el papá también. Que luego se nos pone celoso).

A ti. A ti. Y solamente a ti. Porque eres la mujer de mi vida. Porque eres la única mujer que se ha emocionado cuando he llegado un domingo a casa, después de varias semanas sin verme, por sorpresa.

Por eso, y por muchas otras cosas que, aunque aquí no haya puesto, las llevo dentro:

GRACIAS.

También sé que gracias es una palabra que no aceptas, una palabra que no está en nuestro “contrato”. Un contrato que no se firma, un contrato que no está impreso. Es un contrato que “firmaste” al darnos a luz a mi hermana y a mí. Un contrato firmado con el corazón.  Un contrato en el que no aceptas esa palabra. Pero tengo que decírtela. De nuevo, GRACIAS. MUCHAS GRACIAS.

Porque aunque puedan pasar otras mujeres por mi vida, tú eres irremplazable.

Este año no podremos estar juntos por motivos laborales en este día, así que ésta es mi felicitación. No es material, no la he pagado, pero sí que la siento desde muy adentro.

 

FELIZ DÍA DE LA MADRE.

 

¡¡TE QUIERO!!

 

Y sí, la he compartido en el blog. ¿Por qué? Porque estoy orgulloso de los padres que tengo.
 
P.D.: el mundo en el que vivimos se empeña en celebrar días dedicados a algo, así que así lo haremos. Pero, tú te mereces lo mejor día a día.

 

miércoles, 27 de noviembre de 2013

¡SON MAESTROS TODO EL AÑO!



Como cada 27 de noviembre se celebra en los colegios el Día del Maestro. Se reconoce el esfuerzo, la labor, la paciencia, la dedicación y, por supuesto, el amor y la pasión hacia su trabajo. La pasión por la educación del futuro, de las generaciones que llegan a los coles con la ilusión de poder ser, el día de mañana, lo que siempre han soñado. Los hay que desde pequeñitos quieren ser futbolistas (¿qué niño no ha soñado alguna vez con jugar en un equipo de élite?), los hay que sueñan con ser médicos y poder salvar vidas con sus manos, bomberos para poder apagar las llamas de una vivienda que se está incendiando, y con ella los recuerdos y el pasado de una familia. Incluso  albañiles, electricistas o fontaneros. Parece que un niño nunca sueña con tener alguno de estos oficios. ¿Por qué no? Cualquiera de estos empleos son tan válidos como los que requieren carreras universitarias. Es más, por mucha carrera, como no exista alguien que desempeñe estas tareas a toda casa le faltarán unos cimientos, un circuito eléctrico o agua potable.

También hay niños que sueñan  ser como las personas que ven cada mañana nada más llegar al cole. Sienten entusiasmo por poder hacer con los niños del futuro lo mismo que hacen con ellos. Tienen la necesidad de ser como esos referentes que les van encauzando su vida día a día, como esas personas que, aunque hay momentos en los que parecen ogros al enfadarse con toda una clase, en realidad, lo único que quieren es el bien de ese grupo de alumnos. Que con el paso del tiempo sepa que hizo un buen trabajo y sea cual sea la función de ese antiguo niño en la sociedad, se dedique a lo que se dedique, lo hace con unos principios, con una base que logró gracias a un maestro, a una maestra que dio todo lo que tenía en sus manos y puso todo su empeño para conseguirlo. Porque esos niños no son unos niños más, son SUS NIÑOS. 

Maestro. Maestra. Docencia. Una profesión cada vez menos reconocida. Unos profesionales cada vez más degradados, por la sociedad y por los de arriba. Un respeto hacia ellos que hace mucho se perdió por el camino. Hablar “de usted” a un maestro tal vez no siempre sea necesario, pero se puede hablar “de tú” con la misma educación. Y no me refiero solamente a los niños. Al fin y al cabo ellos tan solo ponen de  manifiesto lo que ven en su entorno, lo que escuchan en sus casas, lo que se comenta de “don” o “doña”, de “el profe” o de “la seño”.  Solamente son un reflejo. Juguemos durante un año, nada más. Un año a vivir sin ellos. ¿Qué supone un año de toda nuestra vida? Un año sin ir al colegio ni acudir a clases particulares (qué también son maestros en la mayoría de los casos). Un año sin contacto con un solo profesor. Veríamos si no se echaban en falta y acabábamos rogando que se volvieran a abrir pronto las puertas de los colegios.  Aprender a valorar lo que tenemos, eso es lo que hay que empezar a hacer.

Igual que el respeto hacia la mujer y la lucha contra la violencia de género no se debe limitar a cada 25 de noviembre, sino que debe ser una lucha continua; igual que contra el cáncer se pelea día a día para salir de una enfermedad que, lamentablemente, va a más; el maestro, la maestra no lo es solamente el 27 de noviembre. Está bien que se reconozca su trabajo un día, pero deberíamos aplaudirlo durante todo el año. Un docente es docente 365 días del año. Un docente no solamente es docente dentro del colegio. Un maestro lo es de puertas hacia afuera. El trabajo que se lleva a casa día a día para corregir, preparar clases para la siguiente jornada, evaluar a los alumnos. Eso son tareas que no se ven pero sin las cuales este trabajo estaría cojo. 

Ese tutor que trata de hacer que sus alumnos evolucionen a lo largo del curso, a lo largo de la etapa, que enseña lo que está en los libros y lo que él lleva dentro; ese especialista de inglés que intenta enseñar un idioma que será necesario para poder desenvolverse en un futuro no muy lejano y de la manera más práctica y divertida para que no resulte difícil ni aburrido; ese maestro de Educación Física que se enfrenta a las inclemencias del tiempo para poder llevar a cabo sus clases si no dispone de un lugar adecuado para ello; ese docente de Pedagogía Terapéutica, de Audición y Lenguaje que, sin ver una evolución constante en sus alumnos, no deja de trabajar con ellos sin importarle lo más mínimo las dificultades a las que se enfrenta. Porque estos niños, a su manera, se lo agradecerán.

Porque todos hemos tenido la suerte. Sí, LA SUERTE de dar con alguien que ha hecho todo esto por nosotros e incluso algunos hemos tenido LA FORTUNA de tener o encontrar a alguien así en nuestras vidas: GRACIAS.


CELEBRADLO UN DÍA. APLAUDÁMOSLO 365.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

"ESPAÑA VA BIEN"



                Cada mañana me levanto con la misma impresión, con la misma idea, con el mismo pensamiento: “Tengo suerte. Tenemos suerte”.

                Tenemos suerte de vivir en un país donde todo va tan bien, donde todo va “sobre ruedas”, donde todo va “viento en popa”. Es una maravilla poder gozar de un clima tan favorable. Es inmejorable la sensación de saber que hagas lo que hagas, estudies lo que estudies, tendrá salida profesional. Es magnífico el efecto de saber que vivimos en un país desarrollado, en el Primer Mundo, en un Mundo Civilizado.

                El problema viene cuando sales a la calle, das un paseo por el centro de cualquier localidad y encuentras cada vez más y más personas sentadas en las puertas de comercios, de supermercados o de cualquier fachada. ¿Estarán descansando después de una dura jornada de trabajo? Podría ser, pero no. Están pidiendo. Pidiendo para poder llevarse a la boca algo que les de fuerza para levantarse de donde están. ¿Primer Mundo? ¿Mundo Civilizado?

                “Que se busquen la vida”. “Que trabajen como hacemos los demás”. “Que se dejen de tonterías y se ganen el pan igual que hago yo”. Frases de este tipo se pueden escuchar al respecto. Quizás esas personas tenían un trabajo, una casa, es más, un hogar. Pero las circunstancias han hecho que su encaminada y feliz vida se truncara. Es muy bonito prejuzgar la situación de alguien  que ninguno conoce. Es muy bonito mirarlo desde fuera con una vida encarrillada. A lo mejor, los que piensan así deberían mirarse al espejo y preguntarse si lo que tienen ellos lo han conseguido con el sudor de su frente o si se lo han ido encontrado en otro tiempo, en un tiempo en el que todo era más fácil. ¡Cuidado! No vaya a ser que algún día cambien las tornas y trágicamente se vean en esa situación.

                Pero la suerte sigue estando, la suerte de vivir en un país en el que todo funciona estupendamente.
                Sinceramente, pasear por la calle y ver, en la misma calle, a personas que deben superar los 70 años pidiendo en una acera mientras los viandantes pasan de ellos y en la acera de enfrente a una madre con su niño en brazos corriendo la misma suerte no es la idea que yo tenía de un país de desarrollado, de un país del Primer Mundo.

                Pero la cosa no acaba ahí. Todavía hay más. Cuando llega la hora de cerrar los supermercados, éstos tiran comida a la basura que por ley no puede venderse por haber pasado la fecha oficial de caducidad. Sin embargo, esos alimentos todavía son comestibles, están en perfecto estado. Decenas y decenas de personas se agolpan sobre los contenedores donde van a parar estos alimentos a sabiendas de que todavía están sanos. “Esos son todos extranjeros que venían a vivir del cuento”, he llegado a escuchar. Bueno, ¿y qué? Extranjeros o no, son personas. Pero es que, amigo xenófobo, cada vez hay más españoles que, lamentablemente, tienen la necesidad de pasar por esa situación. Nadie lo hace por gusto. Simplemente, tenemos “la mala costumbre” de comer para sobrevivir. Antes de hablar recuerda, en otro tiempo nosotros también nos íbamos lejos de nuestras fronteras a buscar una vida mejor. Una vida mejor que llegaría o no, pero nos íbamos.

Todas esas personas tendrían sueños. Sueños que querrían cumplir a toda costa. Trabajos que les apasionaba, familias que crear, cálidos hogares a los que llegar después de su jornada laboral, familias que les estarían esperando para cenar un buen plato. “Colchones” económicos que no se tocaban porque eran para los estudios de sus hijos. Esas personas, hoy por hoy, desgraciadamente, no podrán conseguir nada de eso.

                Hasta ahora lo teníamos lejos. Solamente pensábamos que algo tan precario se vivía en países subdesarrollados, en países del Tercer Mundo. Quizás sí, quizás esa sea la respuesta a la situación que estamos viviendo ahora mismo en España. Tal vez estemos sufriendo una involución. Y la solución no la tenemos nosotros, los ciudadanos. A pesar de que siempre les podemos ayudar con dinero o comida. No, esa no es la solución definitiva. Las medidas le corresponden a quienes les corresponden. Pero claro, ellos están sumergidos, inmersos en su particular mar de calma. En una realidad paralela, como si nada de esto fuera con ellos. Según el destino del capital se puede invertir o no. Becas Erasmus NO. Madrid 2024-2028-2032 SÍ, eso sí. Que se nos note fuera de nuestras fronteras que “España va bien”. Con una “Relaxing Cup” todo entra mejor. 

Lo hemos conseguido: Europa empieza en los Pirineos.

¡¡VERGÜENZA!!

martes, 15 de octubre de 2013

¡DESBORDANDO VALENTÍA!



¡Valientes, que sois unos valientes! Hay que ser muy valiente para aprovecharse de una mujer, maltratarla, torturarla hasta acabar con su vida. No todos los hombres somos capaces. Eso solamente está al alcance de unos pocos elegidos, de unos cuantos que desbordan ¡VALENTÍA! por los cuatro costados.

No, no creáis que lo pienso realmente. Se me ocurren muchos adjetivos para describir a estas personas, pero solo citaré uno: COBARDES. Hay que ser muy cobarde para hacerle toda una serie de “perrerías” y finalmente matar a una persona de un género sin el cual tú no estarías en este Mundo. ¡Y cuánto lo habríamos agradecido, COBARDE!

Justo en el ecuador del mes de octubre son ya cerca de 60 mujeres las que han fallecido a manos de sus parejas sentimentales. En muchos casos cuando ocurría eran ya ex parejas.  ¿Sabes por qué ha dejado de serlo? Porque no te la mereces.

Pero lo mejor de todo es el momento en que se dan cuenta de lo que han hecho e intentan acabar con su propia vida. Tirarte a una vía ferroviaria cuando no pasa el tren no te va a causar la muerte, tan solo unos rasguños o algún hueso roto; intentar cortarte las venas con un cuchillo de plástico no te va a matar; tirarte por un barranco con el coche en punto muerto no hará sino que salten los airbags. Si con eso tu conciencia se va a quedar más tranquila y vas a considerar que has intentado compensar tu daño estás demostrando la clase de persona que eres. Yo conozco puentes muy altos, puentes desde los que si te tiras les harías un favor tanto a tus familiares como a los de tu (ex) pareja. Pero eso sí, hazlo antes de causarle ningún daño a ella. A ver si después del impacto todavía te quedan fuerzas para hacerla sufrir.

La excusa perfecta ante los malos tratos suele ser que lo hacen porque la quieren, lo hacen por amor. Porque ella no se da cuenta de que con quien mejor está es con él. Si lo hicieras por amor, si lo hicieras porque la quieres le regalarías cada día el mejor de su vida. La despertarías entre susurros y caricias y probablemente acabaríais con una apasionada relación sexual. Pero sin forzarla, que eso dice mucho de una persona, amigo Valiente.

Pero claro, cuando se enfrentan al juicio por haber roto la vida de toda una familia saben que tal vez acaben en la cárcel, pero una cárcel lleno de tantos otros valientes: violadores, pederastas y gente de la misma calaña. De hijos de puta va la cosa.

Si alguno de estos  energúmenos tuviera que pasar por la desafortunada experiencia de ver como un malnacido abusa de su hija, como la golpea hasta acabar con su vida creo que cambiaría completamente de pensar y de actuar. Eso sí, no estoy diciendo que quiera que pasen por ese mal trago. No se lo deseo a nadie. 

Así que, mientras exista en el Mundo una sola mujer que nos quiera, ya sea una madre, una hermana, una amiga, una abuela o una novia deberíamos estar en contra de todo tipo de maltrato, tanto psicológico como físico. Ambos igual de dañinos.

Creedme:
                                ¡¡SIN ELLAS, SIN VOSOTRAS…NO SERÍAMOS NADA!!