sábado, 3 de mayo de 2014

!FELIZ DÍA, MAMÁ!


A la mujer de mi vida:

Sí, a ti. Que has hecho tanto por nosotros.

A ti, que nos has dado todo lo que tenemos.

A ti, que has hecho todo lo posible para que hoy seamos lo que somos.

A ti, que has luchado para que seamos felices.

A ti, que has dado tiempo de tu vida para dedicárnoslo a las nuestras. Y sé que, si hiciera falta, darías tu propia vida.

A ti, que llegas tarde de trabajar y, todavía, te quedan fuerzas para tenerlo todo a punto y a nuestra disposición.

A ti, que, aunque tu día haya sido duro, puedes mostrar una sonrisa en cualquier momento.

A ti, que de cuatro paredes no haces una casa. No. Tú de cuatro paredes haces un hogar.

A ti, que me has apoyado en todas las decisiones de mi vida: personales, laborales y académicas. Que, aunque al principio te haya costado asumirlas, las has aceptado (Y últimamente las ha habido).

A ti, que te has alegrado de todas las cosas buenas como si fueran tuyas. Porque lo son. Sin ti nada de eso habría sido posible.

A ti, que, en lo negativo, también has estado ahí. Siendo un pilar fundamental para superar los peores momentos.

A ti, que, al leer esto, sé que te estarás emocionando. Tú dices que me conoces, pero yo a ti también te conozco un “poquete”. Son 25 años juntos.

A ti, que he llorado contigo. Por alegría y por tristeza.

A ti, que me has enseñado que siempre hay que sacar lo que uno lleva dentro: sentimientos, risas o lágrimas. Y tú me has enseñado que llorar también es de hombres.

A ti, que, cuando no se ha hecho suficiente comida, pierdes el hambre de repente para que nosotros podamos comer más.

A ti, que, aunque dices que te vas a dormir cuando estamos de fiesta, sé que no descansas.

A ti, por todas esas veces que nos hemos puesto malas caras, que nos hemos hablado en un tono que no es el adecuado o que nos hemos dicho cosas fuera de lugar. Porque sabes perdonar, porque a pesar de eso sigues estando a mi lado. Porque, en realidad, nos queremos. Y cómo me decías de pequeño: “nos queremos mucho, como la trucha al trucho”.

A ti, que me has enseñado todo lo que sé (bueno, y el papá también. Que luego se nos pone celoso).

A ti. A ti. Y solamente a ti. Porque eres la mujer de mi vida. Porque eres la única mujer que se ha emocionado cuando he llegado un domingo a casa, después de varias semanas sin verme, por sorpresa.

Por eso, y por muchas otras cosas que, aunque aquí no haya puesto, las llevo dentro:

GRACIAS.

También sé que gracias es una palabra que no aceptas, una palabra que no está en nuestro “contrato”. Un contrato que no se firma, un contrato que no está impreso. Es un contrato que “firmaste” al darnos a luz a mi hermana y a mí. Un contrato firmado con el corazón.  Un contrato en el que no aceptas esa palabra. Pero tengo que decírtela. De nuevo, GRACIAS. MUCHAS GRACIAS.

Porque aunque puedan pasar otras mujeres por mi vida, tú eres irremplazable.

Este año no podremos estar juntos por motivos laborales en este día, así que ésta es mi felicitación. No es material, no la he pagado, pero sí que la siento desde muy adentro.

 

FELIZ DÍA DE LA MADRE.

 

¡¡TE QUIERO!!

 

Y sí, la he compartido en el blog. ¿Por qué? Porque estoy orgulloso de los padres que tengo.
 
P.D.: el mundo en el que vivimos se empeña en celebrar días dedicados a algo, así que así lo haremos. Pero, tú te mereces lo mejor día a día.

 

miércoles, 27 de noviembre de 2013

¡SON MAESTROS TODO EL AÑO!



Como cada 27 de noviembre se celebra en los colegios el Día del Maestro. Se reconoce el esfuerzo, la labor, la paciencia, la dedicación y, por supuesto, el amor y la pasión hacia su trabajo. La pasión por la educación del futuro, de las generaciones que llegan a los coles con la ilusión de poder ser, el día de mañana, lo que siempre han soñado. Los hay que desde pequeñitos quieren ser futbolistas (¿qué niño no ha soñado alguna vez con jugar en un equipo de élite?), los hay que sueñan con ser médicos y poder salvar vidas con sus manos, bomberos para poder apagar las llamas de una vivienda que se está incendiando, y con ella los recuerdos y el pasado de una familia. Incluso  albañiles, electricistas o fontaneros. Parece que un niño nunca sueña con tener alguno de estos oficios. ¿Por qué no? Cualquiera de estos empleos son tan válidos como los que requieren carreras universitarias. Es más, por mucha carrera, como no exista alguien que desempeñe estas tareas a toda casa le faltarán unos cimientos, un circuito eléctrico o agua potable.

También hay niños que sueñan  ser como las personas que ven cada mañana nada más llegar al cole. Sienten entusiasmo por poder hacer con los niños del futuro lo mismo que hacen con ellos. Tienen la necesidad de ser como esos referentes que les van encauzando su vida día a día, como esas personas que, aunque hay momentos en los que parecen ogros al enfadarse con toda una clase, en realidad, lo único que quieren es el bien de ese grupo de alumnos. Que con el paso del tiempo sepa que hizo un buen trabajo y sea cual sea la función de ese antiguo niño en la sociedad, se dedique a lo que se dedique, lo hace con unos principios, con una base que logró gracias a un maestro, a una maestra que dio todo lo que tenía en sus manos y puso todo su empeño para conseguirlo. Porque esos niños no son unos niños más, son SUS NIÑOS. 

Maestro. Maestra. Docencia. Una profesión cada vez menos reconocida. Unos profesionales cada vez más degradados, por la sociedad y por los de arriba. Un respeto hacia ellos que hace mucho se perdió por el camino. Hablar “de usted” a un maestro tal vez no siempre sea necesario, pero se puede hablar “de tú” con la misma educación. Y no me refiero solamente a los niños. Al fin y al cabo ellos tan solo ponen de  manifiesto lo que ven en su entorno, lo que escuchan en sus casas, lo que se comenta de “don” o “doña”, de “el profe” o de “la seño”.  Solamente son un reflejo. Juguemos durante un año, nada más. Un año a vivir sin ellos. ¿Qué supone un año de toda nuestra vida? Un año sin ir al colegio ni acudir a clases particulares (qué también son maestros en la mayoría de los casos). Un año sin contacto con un solo profesor. Veríamos si no se echaban en falta y acabábamos rogando que se volvieran a abrir pronto las puertas de los colegios.  Aprender a valorar lo que tenemos, eso es lo que hay que empezar a hacer.

Igual que el respeto hacia la mujer y la lucha contra la violencia de género no se debe limitar a cada 25 de noviembre, sino que debe ser una lucha continua; igual que contra el cáncer se pelea día a día para salir de una enfermedad que, lamentablemente, va a más; el maestro, la maestra no lo es solamente el 27 de noviembre. Está bien que se reconozca su trabajo un día, pero deberíamos aplaudirlo durante todo el año. Un docente es docente 365 días del año. Un docente no solamente es docente dentro del colegio. Un maestro lo es de puertas hacia afuera. El trabajo que se lleva a casa día a día para corregir, preparar clases para la siguiente jornada, evaluar a los alumnos. Eso son tareas que no se ven pero sin las cuales este trabajo estaría cojo. 

Ese tutor que trata de hacer que sus alumnos evolucionen a lo largo del curso, a lo largo de la etapa, que enseña lo que está en los libros y lo que él lleva dentro; ese especialista de inglés que intenta enseñar un idioma que será necesario para poder desenvolverse en un futuro no muy lejano y de la manera más práctica y divertida para que no resulte difícil ni aburrido; ese maestro de Educación Física que se enfrenta a las inclemencias del tiempo para poder llevar a cabo sus clases si no dispone de un lugar adecuado para ello; ese docente de Pedagogía Terapéutica, de Audición y Lenguaje que, sin ver una evolución constante en sus alumnos, no deja de trabajar con ellos sin importarle lo más mínimo las dificultades a las que se enfrenta. Porque estos niños, a su manera, se lo agradecerán.

Porque todos hemos tenido la suerte. Sí, LA SUERTE de dar con alguien que ha hecho todo esto por nosotros e incluso algunos hemos tenido LA FORTUNA de tener o encontrar a alguien así en nuestras vidas: GRACIAS.


CELEBRADLO UN DÍA. APLAUDÁMOSLO 365.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

"ESPAÑA VA BIEN"



                Cada mañana me levanto con la misma impresión, con la misma idea, con el mismo pensamiento: “Tengo suerte. Tenemos suerte”.

                Tenemos suerte de vivir en un país donde todo va tan bien, donde todo va “sobre ruedas”, donde todo va “viento en popa”. Es una maravilla poder gozar de un clima tan favorable. Es inmejorable la sensación de saber que hagas lo que hagas, estudies lo que estudies, tendrá salida profesional. Es magnífico el efecto de saber que vivimos en un país desarrollado, en el Primer Mundo, en un Mundo Civilizado.

                El problema viene cuando sales a la calle, das un paseo por el centro de cualquier localidad y encuentras cada vez más y más personas sentadas en las puertas de comercios, de supermercados o de cualquier fachada. ¿Estarán descansando después de una dura jornada de trabajo? Podría ser, pero no. Están pidiendo. Pidiendo para poder llevarse a la boca algo que les de fuerza para levantarse de donde están. ¿Primer Mundo? ¿Mundo Civilizado?

                “Que se busquen la vida”. “Que trabajen como hacemos los demás”. “Que se dejen de tonterías y se ganen el pan igual que hago yo”. Frases de este tipo se pueden escuchar al respecto. Quizás esas personas tenían un trabajo, una casa, es más, un hogar. Pero las circunstancias han hecho que su encaminada y feliz vida se truncara. Es muy bonito prejuzgar la situación de alguien  que ninguno conoce. Es muy bonito mirarlo desde fuera con una vida encarrillada. A lo mejor, los que piensan así deberían mirarse al espejo y preguntarse si lo que tienen ellos lo han conseguido con el sudor de su frente o si se lo han ido encontrado en otro tiempo, en un tiempo en el que todo era más fácil. ¡Cuidado! No vaya a ser que algún día cambien las tornas y trágicamente se vean en esa situación.

                Pero la suerte sigue estando, la suerte de vivir en un país en el que todo funciona estupendamente.
                Sinceramente, pasear por la calle y ver, en la misma calle, a personas que deben superar los 70 años pidiendo en una acera mientras los viandantes pasan de ellos y en la acera de enfrente a una madre con su niño en brazos corriendo la misma suerte no es la idea que yo tenía de un país de desarrollado, de un país del Primer Mundo.

                Pero la cosa no acaba ahí. Todavía hay más. Cuando llega la hora de cerrar los supermercados, éstos tiran comida a la basura que por ley no puede venderse por haber pasado la fecha oficial de caducidad. Sin embargo, esos alimentos todavía son comestibles, están en perfecto estado. Decenas y decenas de personas se agolpan sobre los contenedores donde van a parar estos alimentos a sabiendas de que todavía están sanos. “Esos son todos extranjeros que venían a vivir del cuento”, he llegado a escuchar. Bueno, ¿y qué? Extranjeros o no, son personas. Pero es que, amigo xenófobo, cada vez hay más españoles que, lamentablemente, tienen la necesidad de pasar por esa situación. Nadie lo hace por gusto. Simplemente, tenemos “la mala costumbre” de comer para sobrevivir. Antes de hablar recuerda, en otro tiempo nosotros también nos íbamos lejos de nuestras fronteras a buscar una vida mejor. Una vida mejor que llegaría o no, pero nos íbamos.

Todas esas personas tendrían sueños. Sueños que querrían cumplir a toda costa. Trabajos que les apasionaba, familias que crear, cálidos hogares a los que llegar después de su jornada laboral, familias que les estarían esperando para cenar un buen plato. “Colchones” económicos que no se tocaban porque eran para los estudios de sus hijos. Esas personas, hoy por hoy, desgraciadamente, no podrán conseguir nada de eso.

                Hasta ahora lo teníamos lejos. Solamente pensábamos que algo tan precario se vivía en países subdesarrollados, en países del Tercer Mundo. Quizás sí, quizás esa sea la respuesta a la situación que estamos viviendo ahora mismo en España. Tal vez estemos sufriendo una involución. Y la solución no la tenemos nosotros, los ciudadanos. A pesar de que siempre les podemos ayudar con dinero o comida. No, esa no es la solución definitiva. Las medidas le corresponden a quienes les corresponden. Pero claro, ellos están sumergidos, inmersos en su particular mar de calma. En una realidad paralela, como si nada de esto fuera con ellos. Según el destino del capital se puede invertir o no. Becas Erasmus NO. Madrid 2024-2028-2032 SÍ, eso sí. Que se nos note fuera de nuestras fronteras que “España va bien”. Con una “Relaxing Cup” todo entra mejor. 

Lo hemos conseguido: Europa empieza en los Pirineos.

¡¡VERGÜENZA!!

martes, 15 de octubre de 2013

¡DESBORDANDO VALENTÍA!



¡Valientes, que sois unos valientes! Hay que ser muy valiente para aprovecharse de una mujer, maltratarla, torturarla hasta acabar con su vida. No todos los hombres somos capaces. Eso solamente está al alcance de unos pocos elegidos, de unos cuantos que desbordan ¡VALENTÍA! por los cuatro costados.

No, no creáis que lo pienso realmente. Se me ocurren muchos adjetivos para describir a estas personas, pero solo citaré uno: COBARDES. Hay que ser muy cobarde para hacerle toda una serie de “perrerías” y finalmente matar a una persona de un género sin el cual tú no estarías en este Mundo. ¡Y cuánto lo habríamos agradecido, COBARDE!

Justo en el ecuador del mes de octubre son ya cerca de 60 mujeres las que han fallecido a manos de sus parejas sentimentales. En muchos casos cuando ocurría eran ya ex parejas.  ¿Sabes por qué ha dejado de serlo? Porque no te la mereces.

Pero lo mejor de todo es el momento en que se dan cuenta de lo que han hecho e intentan acabar con su propia vida. Tirarte a una vía ferroviaria cuando no pasa el tren no te va a causar la muerte, tan solo unos rasguños o algún hueso roto; intentar cortarte las venas con un cuchillo de plástico no te va a matar; tirarte por un barranco con el coche en punto muerto no hará sino que salten los airbags. Si con eso tu conciencia se va a quedar más tranquila y vas a considerar que has intentado compensar tu daño estás demostrando la clase de persona que eres. Yo conozco puentes muy altos, puentes desde los que si te tiras les harías un favor tanto a tus familiares como a los de tu (ex) pareja. Pero eso sí, hazlo antes de causarle ningún daño a ella. A ver si después del impacto todavía te quedan fuerzas para hacerla sufrir.

La excusa perfecta ante los malos tratos suele ser que lo hacen porque la quieren, lo hacen por amor. Porque ella no se da cuenta de que con quien mejor está es con él. Si lo hicieras por amor, si lo hicieras porque la quieres le regalarías cada día el mejor de su vida. La despertarías entre susurros y caricias y probablemente acabaríais con una apasionada relación sexual. Pero sin forzarla, que eso dice mucho de una persona, amigo Valiente.

Pero claro, cuando se enfrentan al juicio por haber roto la vida de toda una familia saben que tal vez acaben en la cárcel, pero una cárcel lleno de tantos otros valientes: violadores, pederastas y gente de la misma calaña. De hijos de puta va la cosa.

Si alguno de estos  energúmenos tuviera que pasar por la desafortunada experiencia de ver como un malnacido abusa de su hija, como la golpea hasta acabar con su vida creo que cambiaría completamente de pensar y de actuar. Eso sí, no estoy diciendo que quiera que pasen por ese mal trago. No se lo deseo a nadie. 

Así que, mientras exista en el Mundo una sola mujer que nos quiera, ya sea una madre, una hermana, una amiga, una abuela o una novia deberíamos estar en contra de todo tipo de maltrato, tanto psicológico como físico. Ambos igual de dañinos.

Creedme:
                                ¡¡SIN ELLAS, SIN VOSOTRAS…NO SERÍAMOS NADA!!

viernes, 21 de junio de 2013

¡VIVA EL TEATRO!



En la actualidad, gran cantidad de compañías y grupos teatrales ponen escena obras que llevan preparando durante mucho tiempo. Desde tragedias, comedias o dramas clásicos hasta obras de reciente escritura y cuyos autores tratan de manera elegante temas de actualidad.

El gusto por el teatro no se ha perdido, a pesar de las trabas que se le ponen al aficionado de dicha disciplina. Pero ese no es el tema que quiero tratar.

Cierto es que, si encontramos más inconvenientes que ventajas a la hora de ir a ver una obra de teatro, nos resulta más sencillo y cómodo quedarnos en casa a ver alguna película. Películas que ponen de forma continua en televisión, en cualquiera de los canales que sintonizamos (que no son pocos) sin necesidad de salir de casa, sin tener que pasar frío en invierno hasta llegar al teatro, con el mando en las manos por si nos cansamos de lo que vemos.

Cierto es también que el cine aporta una cantidad de efectos especiales y sonoros que no tienen parangón en el teatro. Además, con las modernas tecnologías puedes sentirte como un protagonista más de la película solo con encender el Home Cinema.

Pero el teatro tiene algo que por mucho que avance la tecnología y con ella la televisión nunca llegará a poseer. ENCANTO, el teatro tiene encanto. El encanto del directo, el encanto del aliento del público asistente, el encanto del juego de luces en cada momento, el encanto de los traspuntes preparados para dar letra en el momento preciso, el encanto del regidor, apunto siempre para dar  lo que se necesita en ese momento para salir a escena, el encanto de los nervios del director por ver cómo ha quedado su montaje. Y por supuesto, el encanto y los nervios de los actores. Esos actores que han estado ensayando durante meses para que salga perfecta la puesta en escena. Unos actores que saben que no hay “marcha atrás”, que saben que si se equivocan no podrán decir eso de “corten”. Tendrán que sacar adelante la situación como puedan, con el arma de la improvisación o tirando de “tablas” (quien las tenga). Unos actores que deben hablar lo suficientemente alto para que los oiga toda la sala, auditorio o teatro pero sin que parezca que están chillando. Actores que sienten la tensión en el momento de la apertura del telón cual torero espera al toro de rodillas, “a portagayola”. Tensión que se difumina y desaparece con el transcurso de la obra y que da paso al disfrute, a la excitación al ver que todo eso que has preparado durante tiempo está dando sus frutos (en el mejor de los casos) o a la desilusión si no sale como estaba planeado. Pero no pasa nada, porque el actor aprenderá  de sus errores,  lo seguirá  intentado y se esforzarás para dar lo mejor de sí mismo en la próxima actuación. Eso es el gusto por el teatro.

Pues bien, el cine se sigue quedando corto cuando todo eso lo hacen grupos de teatro amateur. Grupos formados por personas que tienen una vida más allá de los escenarios. Madres  o padres de familia que salen de trabajar, preparan la cena y se van disparados al ensayo dejando a sus niños en casa. Chicos y chicas que van desde otras localidades donde trabajan o estudian para que se pueda llevar a cabo dicho ensayo. Trabajadores que han madrugado para poder cumplir con su deber y hacen un sobreesfuerzo por estar allí en ese momento. Personas que tienen que anular los planes con familiares o amigos.
En definitiva, seres humanos que no viven de ello sino que lo hacen por eso, POR AMOR AL ARTE.

Sin todo ese encanto, el teatro no sería teatro.

¡VIVA EL TEATRO! ¡VIVA EL TEATRO AMATEUR!


“Quienquiera que condene el teatro es un enemigo de su país”. Voltaire.